Una noche para la historia: campeones de la División de Honor
El de ayer no fue un partido más. Fue EL PARTIDO. El último de la temporada. Un partido —intenso, eléctrico, inolvidable— en los que nuestra sección de Fútbol Sala se jugaba algo más que una victoria: se jugaba la Tropa de la División de Honor. Solo valía ganar. Y cuando solo vale ganar, la tensión se puede cortar con un cuchillo.
En la grada, los falleros y falleras que se desplazaron para animar al equipo vivían cada balón con el corazón en la garganta. Nervios, miradas cómplices, manos entrelazadas… la ilusión de toda una comisión concentrada en una pista. En el banquillo, en cambio, Manolo, junto a su inseparable Tonette, transmitía una calma casi sobrenatural. Serenos, firmes, dueños del tempo. Aunque todos sabemos que, por dentro, aquello debía de estar hirviendo como un volcán. Esa tranquilidad exterior fue clave: se contagió al equipo y le dio el equilibrio necesario en una noche al límite.

El partido no pudo empezar mejor. Poco después del pitido inicial, llegó el primer gol. Un estallido en la grada. La esperanza se transformaba en convicción. La liga estaba un paso más cerca. Pero el rival no había llegado hasta allí por casualidad. Ordenados, intensos, incómodos, pusieron a prueba a los nuestros una y otra vez. Y entonces emergió una figura decisiva: nuestro guardameta, protagonista absoluto de la primera mitad, firmando paradas imposibles, reflejos felinos y una seguridad que sostuvo al equipo en los momentos más delicados.
El empuje ofensivo tuvo premio mediada la primera parte. El 2-0 hacía crecer la fe, pero el fútbol sala no entiende de respiros. Poco antes del descanso, el rival recortó distancias y, cuando parecía que llegaríamos con ventaja al vestuario, un libre directo magistralmente ejecutado puso el 2-2 justo con el sonido del descanso. Silencio. Respeto. Todo por decidir.
En el «vestuario», Manolo volvió a hacer lo que mejor sabe: hablar al corazón y a la cabeza. Recordar el objetivo, el esfuerzo de toda la temporada, el orgullo de llevar ese escudo. Y la respuesta fue inmediata. Nada más reanudarse el encuentro, un contraataque vertiginoso, ejecutado con una precisión técnica brillante, devolvía la ventaja a los nuestros.
El rival volvió a empatar. El partido se convirtió en un auténtico drama deportivo, intenso, vibrante, pero siempre limpio y noble, un ejemplo de lo que debe ser el fútbol sala. Cada error podía ser definitivo. Cada detalle contaba.
Y entonces llegaron los últimos siete minutos. Siete minutos eternos. Siete minutos en los que nuestra Mannschaft demostró por qué está donde está. Aprovechando pequeños desajustes del rival, con inteligencia, oficio y carácter, los goles fueron cayendo uno tras otro hasta sellar un contundente y glorioso 6-3 con el pitido final.
Explosión. Abrazos. Gritos. – Campeones de la División de Honor.
Este equipo vuelve a demostrar su condición de referencia, confirmando su excepcionalidad y alcanzando un nuevo hito tras el éxito sensacional de la pasada temporada. No es casualidad. Es trabajo, compromiso y sentimiento de grupo.

Los protagonistas sobre la pista
Jowy, Chema, Pereda, Borja, Pablo, Álvaro, Luis, Navalón, Adrian, Wallner y Dela.
Y en el banquillo, guiando con maestría y pasión: Manolo y Tonette.
Una noche para recordar.
Un equipo para admirar.
Una comisión orgullosa.
Comments are closed