Hay días que se disfrutan. Y hay días que, además, se quedan para siempre en la memoria de una comisión. El pasado sábado fue precisamente uno de esos días grandes en nuestra Falla: una jornada completa, intensa, alegre y profundamente fallera, en la que el casal, la calle y el barrio volvieron a latir al mismo ritmo.

Desde el mediodía hasta bien entrada la madrugada, nuestra comisión vivió un sábado de auténtica convivencia, de ilusión compartida y de fiesta en mayúsculas. Un día de esos que confirman que las Fallas ya no solo se acercan: las Fallas ya se sienten, se viven y se celebran con toda su fuerza entre nosotros.

A las 12:00 horas arrancó la jornada con un animado caña y tapa, una cita que volvió a reunir a falleros, falleras, vecinos y amigos del barrio en torno a ese ambiente único que solo nuestra fiesta sabe crear. Poco a poco, la calle y el casal fueron llenándose de conversaciones, brindis, reencuentros y sonrisas, en una mañana que sirvió para empezar a entonar el alma y el corazón al compás de las próximas fiestas falleras.

Como ocurre siempre en nuestra comisión, detrás del buen ambiente hubo también una organización impecable. Todo funcionó con esa naturalidad que solo se consigue cuando hay trabajo, compromiso y muchas ganas de hacer las cosas bien. Y, una vez más, María José, siempre fiel a su puesto, estuvo en la caja con la eficacia y la entrega de quien forma parte indispensable del engranaje que hace que todo salga a la perfección. Mientras tanto, la cerveza corría, las tapas iban y venían, el hambre se calmaba y el ambiente no dejaba de crecer.

Porque si algo tuvo este inicio de jornada fue precisamente eso: el sabor de lo nuestro. El gusto por compartir mesa, por disfrutar de los pequeños momentos y por seguir construyendo esa convivencia que da sentido a la vida de una comisión fallera. No era solo un aperitivo. Era también una manera de volver a encontrarnos, de reconocernos y de prepararnos juntos para todo lo que está por venir.

Y mientras los mayores compartían ese mediodía festivo, los más pequeños vivían también su gran momento con un taller infantil patrocinado por la inmobiliaria La Casa, nuestro patrocinador principal, cuyo apoyo a la comisión vuelve a ser fundamental en unas fechas tan especiales.

Lydia y Claudia, con el cariño, la dedicación y la ilusión que siempre ponen en todo lo que hacen, habían preparado una actividad pensada al detalle para que los niños y niñas disfrutaran al máximo. Y la respuesta fue espectacular: acudieron en masa. El taller se llenó de vida, de manos inquietas, de creatividad, de juegos y de ese entusiasmo contagioso que solo los más pequeños saben transmitir. Fue una imagen maravillosa, de esas que emocionan especialmente, porque en cada risa infantil, en cada carrera y en cada mirada de ilusión se ve reflejado el futuro de nuestra Falla.

La tarde ofreció después un pequeño respiro. Unas horas para descansar, para prepararse, para ultimar detalles y, sobre todo, para dejarlo todo listo de cara a uno de los momentos más originales y divertidos del día. Porque a las 18:45 horas llegaba uno de los actos más esperados: nuestro Desfile de Disfraces, este año bajo un lema tan sugerente como divertido: “Qué película sería la ganadora”.

Y una vez más, nuestra comisión respondió como mejor sabe hacerlo: con imaginación, con entusiasmo y con una creatividad desbordante. El desfile fue una auténtica explosión de color, ingenio y humor. Personajes inolvidables, referencias cinematográficas, trajes sorprendentes y muchas ganas de pasarlo bien hicieron de este momento uno de los grandes protagonistas del sábado. Cada aparición fue recibida con sonrisas, aplausos y admiración, en una muestra clara de que en esta Falla el talento para divertirse no tiene límites.

Todos los participantes recibieron el calor y el reconocimiento del público, que supo valorar el esfuerzo y la originalidad de cada disfraz. Fue, sin duda, una de esas escenas que explican por sí solas lo que significa hacer Falla: participar, implicarse, compartir y convertir cualquier idea en una fiesta colectiva. Para quienes deseen revivir este acto tan especial, puede encontrarse un vídeo en el apartado de Galería, donde ha quedado guardado uno de los momentos más simpáticos y entrañables de la jornada.

Pero si el desfile llenó la tarde de humor y fantasía, la noche traía consigo uno de esos instantes cargados de simbolismo que anuncian de forma definitiva que la fiesta ya ha tomado la calle. A las 22:00 horas, aunque con una ligera demora provocada por algunos problemas técnicos, llegó el esperado Encendido de Luces.

La expectación era máxima. Y cuando por fin llegó el momento, todo cobró aún más sentido. Nuestra Fallera Mayor, Saray, junto a nuestra Fallera Mayor Infantil, Manuela, fueron las encargadas de protagonizar ese instante tan especial. Tras un pequeño castillo de fuegos artificiales que elevó todavía más la emoción, ambas subieron a la escalera y, entre la mirada atenta de toda la comisión y del público presente, procedieron al encendido de la iluminación festiva.

Y entonces la magia hizo su aparición.

En apenas un instante, la calle se transformó en una auténtica estampa fallera, vestida de luz, de color y de ese ambiente tan nuestro que convierte cualquier rincón en un escenario de fiesta. Fue un momento precioso, de los que se viven con una sonrisa en el rostro y un nudo de emoción en el pecho. Un instante que quedará sin duda entre los recuerdos más bonitos de estas Fallas, con Saray y Manuela como protagonistas de una imagen que simboliza a la perfección la ilusión, la continuidad y la fuerza de nuestra comisión.

Después de ese momento tan esperado, la noche siguió su curso. Algunos decidieron cambiarse de ropa, otros prefirieron continuar con sus disfraces, prolongando así la alegría y el espíritu del desfile. Y cuando el reloj marcó las 00:00 horas, la fiesta volvió a subir de intensidad con el comienzo de la discomóvil “Lemon”.

La calle, ya completamente transformada por la luz y por el ambiente festivo, se convirtió en una gran pista de baile al aire libre. Bailaron falleros y falleras, por supuesto, pero también se sumaron vecinos, visitantes y amigos, haciendo que la fiesta trascendiera los límites de la comisión para convertirse en una auténtica celebración compartida con todo el barrio. La música, la alegría y las ganas de disfrutar hicieron el resto. Durante horas, la noche fue un estallido de movimiento, de convivencia y de felicidad colectiva.

Y así, entre canciones, risas y baile, se fue completando una jornada redonda, de esas que uno quisiera alargar un poco más. Pero toda gran noche merece también un gran final. Y a las 04:00 horas, puntualmente, la fiesta concluyó con la solemnidad y la emoción del Himno de Valencia, que puso el broche perfecto a un sábado extraordinario.

Fue un día completo. Un día vivido intensamente. Un día de los que explican por qué las Fallas son mucho más que una fiesta. Porque en jornadas como esta no solo hay actos, música o luces. Hay comunidad. Hay barrio. Hay infancia. Hay tradición. Hay emoción. Hay una manera de estar juntos y de sentirse parte de algo muy grande.

El pasado sábado, nuestra Falla volvió a demostrar que sabe llenar de vida cada rincón, que sabe abrirse al barrio, que sabe hacer disfrutar a mayores y pequeños, y que sabe convertir un día cualquiera de marzo en una auténtica celebración de identidad fallera.

Así da gusto seguir viviendo las Fallas. Así da gusto hacer Falla. Que siga la fiesta.

#

Comments are closed