Diario Fallero – 18 de marzo de 2026
El miércoles 18 de marzo amaneció, como ya viene siendo tradición en nuestra falla, con una figura imprescindible marcando el ritmo del día: Mariano. Mientras muchos aún intentaban recuperar fuerzas tras otra intensa noche, él ya estaba en pie desde muy temprano, siendo uno de los primeros en llegar para iniciar los preparativos.
Es imposible no detenerse a admirar su constancia. Día tras día, sin importar el cansancio acumulado, ahí está Mariano, con una energía que parece inagotable, asegurándose de que todo esté listo para los demás. A su lado, como siempre, muchos falleros y falleras que tenían turno ese día, trabajando en equipo para que la falla siga funcionando como un engranaje perfecto.
Mientras unos se encargaban de limpiar y ordenar el casal, otros ponían a punto la barra en la calle, reponiendo todo lo necesario tras la actividad de la noche anterior. Era un ir y venir constante, pero siempre con ese ambiente de compañerismo que define a nuestra comisión.
A media mañana, la actividad cambió de escenario. A las 11:30, un gran grupo de falleros se reunió para asistir a un momento especial: el 25º aniversario de la Falla Parotet. Un acto de celebración compartida entre comisiones, de esos que refuerzan los lazos falleros más allá de nuestras propias calles.
Y como no podía ser de otra manera, tras el acto, continuamos con un pasacalle por el barrio, llevando nuestra alegría y presencia por cada rincón. De nuevo, acompañados por nuestra querida charanga, que en estos días se ha convertido en el alma musical de cada recorrido. Sus ritmos, siempre contagiosos, lograban que vecinos y viandantes se sumaran, aunque fuera por unos instantes, a la fiesta.

A las 14:00, llegó uno de los momentos más esperados del día: una mascletà impresionante, diseñada por Sergio Lis, de Pirotecnia Valenciana.
Una mascletà no se escucha, se siente.
Comienza con un ritmo casi contenido, como si la pólvora estuviera despertando poco a poco. Los primeros estallidos marcan el compás, y de repente, el suelo empieza a vibrar. El aire cambia. El pecho retumba con cada explosión. Es un lenguaje de fuego y sonido que va creciendo en intensidad, atrapándote sin que puedas apartar la mirada ni el cuerpo.
Y entonces llega el clímax.
Una sucesión de explosiones perfectamente sincronizadas que lo llenan todo: el sonido, el espacio, el cuerpo. Es imposible no emocionarse. Es potencia, tradición y arte en estado puro. Cuando finalmente llega el silencio, tras el terremoto final, el cuerpo tarda unos segundos en volver a la normalidad… y entonces estalla el aplauso.
Y así fue. Un aplauso largo, sincero y merecido para Sergio, que regaló a todos los presentes un espectáculo inolvidable. El video se encuentra en la Galeria.
La tarde trajo un cambio de ritmo. Mientras muchos padres aprovechaban para descansar un poco, los más pequeños vivían su propia aventura. Claudia y Lydia, incansables como siempre, habían preparado una actividad especial bajo el lema “Rally de jocs esportius”, con la colaboración de la inmobiliaria La Casa.
Juegos, risas, carreras y diversión llenaron la tarde de los niños, que disfrutaron al máximo de cada actividad.
Después, la Fallera Mayor Infantil, Manuela, invitó a todos los niños a una merienda-cena en el casal, cerrando así una jornada perfecta para los más pequeños, cuidada al detalle y llena de momentos felices.
Pero la noche aún tenía mucho que ofrecer.
El ambiente cambió nuevamente para dar paso a uno de los actos más esperados y tradicionales: el Festival de Paellas del barrio. Poco a poco, la calle se llenó de vida. Fuegos encendidos, paelleras en marcha, ingredientes preparados con mimo… y ese aroma tan característico que solo una paella cocinándose al aire libre puede ofrecer.
Era una imagen espectacular: toda la calle convertida en un gran comedor al aire libre, donde vecinos, falleros y amigos compartían mesa, conversación y risas. Una auténtica celebración de barrio, de comunidad.
Y cuando parecía que el día ya había dado todo de sí, llegó el último gran momento.
A las 23:30, la discomóvil arrancó una vez más, transformando nuestra calle en lo que ya es tradición: la calle de los gourmets convertida en una gran fiesta. Música, luces y un ambiente difícil de igualar.
Lo más impresionante no fue solo la fiesta, sino ver a tantos falleros y falleras, con visibles signos de cansancio tras días intensos, volver a darlo todo. Ojeras profundas, cuerpos agotados… pero una energía que parecía renovarse con cada canción.
Porque así somos los falleros.
Vivimos cada momento como si fuera el primero… y también como si fuera el último.
Y quizás, en el fondo, todos éramos conscientes de ello. Porque esa noche tenía un sabor especial: era la última discomóvil de estas Fallas.
Y por eso se vivió como tal.
Una noche intensa, alegre, llena de despedidas implícitas, que se alargó hasta bien entrada la madrugada.
Y mientras la música sonaba y la gente bailaba, una idea flotaba en el ambiente:
Mañana llega el último día.
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