Diario Fallero – 15 de marzo de 2026
El fin de semana fallero comenzó realmente un día antes, el sábado 14 de marzo, una jornada que ya nos había dejado claro que la semana grande había empezado de verdad. Desde primera hora de la mañana, nuestra comisión se puso manos a la obra con la plantà del ninot infantil. La mayor parte de los ninots ya estaban colocados, pero aún quedaban ajustes, encajes y ese trabajo fino que marca la diferencia. Allí estaba Paco, como siempre, entregado en cuerpo y alma a la falla. Con una energía que parecía no tener límite, dedicó cada minuto y cada fuerza a ultimar cada detalle. No estaba solo: Ubaldo, Alfredo y otros falleros se unieron al esfuerzo colectivo, demostrando una vez más que en nuestra comisión el trabajo siempre es cosa de todos. Entre herramientas, risas y indicaciones constantes, el monumento infantil fue quedando prácticamente listo.
Por la tarde del sábado, el ambiente cambió de ritmo pero no de intensidad. Muchos falleros se reunieron para emprender un momento muy especial: recoger el último ninot que quedaba en la Exposición del Ninot. Acompañados por los músicos de nuestra querida charanga, la comisión salió en comitiva por las calles. El sonido de los instrumentos marcaba el paso y anunciaba al barrio que la fiesta ya estaba aquí. Fue un momento alegre, lleno de orgullo y emoción, porque cada ninot que vuelve a su falla simboliza el esfuerzo de todo un año.
Tras el regreso, llegó el momento de reponer fuerzas con una cena compartida entre falleros. Era necesario recuperar energía, porque la noche todavía prometía. Y así fue: con la discomóvil ya preparada, nuestra calle se transformó poco a poco en una auténtica pista de baile gigante. Música, risas y una atmósfera festiva que atrajo a una enorme cantidad de gente.
Mientras unos bailaban y disfrutaban del ambiente, otros falleros trabajaban sin descanso detrás de la barra, manteniendo el servicio en funcionamiento durante toda la noche. Fue impresionante ver la cantidad de personas que pasaron por allí. El flujo de gente parecía interminable y el esfuerzo de quienes estaban trabajando fue enorme. Sin duda, fue una noche que demostró la fuerza de la comisión y el espíritu de colaboración que nos caracteriza.
Finalmente, a las 04:00 de la madrugada, llegó el momento de cerrar la barra y dar por terminada la fiesta. Pero el descanso sería breve.

Porque el domingo 15 de marzo amaneció con la misma intensidad. Muy temprano por la mañana, cuando todavía muchos vecinos dormían, ya estaban llegando los primeros falleros para dar los últimos retoques a la plantà infantil y dejarlo todo preparado para recibir a los jurados de la Junta Central Fallera. Más que montar, tocaba perfeccionar: revisar uniones, limpiar, colocar detalles y asegurarse de que todo estuviera impecable. El cansancio de la noche anterior apenas se notaba: el orgullo y la ilusión por nuestras fallas eran mucho más fuertes.
A las 09:00 en punto, llegó uno de los momentos más bonitos del día: nuestros niños salieron a recorrer el barrio con la primera despertà. Entre petardos, risas y mucha ilusión, anunciaron a todos los vecinos que las verdaderas fiestas falleras ya habían comenzado. Fue un despertar lleno de energía que hizo vibrar las calles del barrio.
El esfuerzo de los más pequeños tuvo su recompensa. Tras la despertà, la Fallera Mayor Infantil, Manuela, invitó a todos a un abundante y delicioso desayuno. Fue un momento perfecto para compartir historias, comentar la noche anterior y cargar fuerzas para lo que aún quedaba por delante.
La jornada continuó por la tarde del domingo, cuando la comisión adulta se preparó para repetir la experiencia del día anterior: salir nuevamente hacia la Exposición del Ninot, esta vez para recoger el ninot que faltaba del monumento grande. Con orgullo y emoción, lo acompañamos de vuelta a nuestra calle, donde se integraría en una falla que ya estaba en gran parte levantada.

Después, como manda la tradición, llegó otro momento de convivencia alrededor de la mesa con una cena entre falleros. Era el último respiro antes de una de las noches más especiales de las Fallas.
Porque cuando cayó la noche, comenzó la esperada Nit d’Albaes. Mientras los mayores disfrutaban del ambiente y de la tradición, los más jóvenes —y no tan jóvenes— se pusieron manos a la obra. A diferencia de otros años, la estructura principal de la falla grande ya estaba prácticamente montada, pero quedaba lo más delicado: la detallada y minuciosa labor de acabado.
Fue entonces cuando empezó el verdadero trabajo artesanal: colocar pequeñas piezas, ajustar remates, perfeccionar escenas, limpiar imperfecciones y dar forma definitiva a cada rincón del monumento. Un trabajo lento, exigente y lleno de precisión, donde cada detalle cuenta y donde la paciencia es tan importante como la fuerza.
Poco a poco, lo que ya era impresionante fue transformándose en una auténtica obra de arte llena de matices y vida. Cada retoque aportaba carácter, cada ajuste elevaba el conjunto. Fue una noche de esfuerzo silencioso, de concentración y de orgullo compartido.

Así terminó un fin de semana que quedará grabado en la memoria de todos: dos días de trabajo, fiesta, música, compañerismo y dedicación al detalle, que reflejan perfectamente lo que significa ser parte de la Falla Artes y Oficios Actor Llorens.
Y lo mejor de todo… las Fallas no han hecho más que comenzar.
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