Diario Fallero – 19 de marzo de 2026
El 19 de marzo, día de San José y también Día del Padre, amaneció con un sentimiento distinto. No era un día cualquiera. Era el último. Y aunque la ilusión seguía presente, ya se mezclaba con esa ligera melancolía que solo aparece cuando sabes que algo grande está llegando a su final.
La jornada comenzó con un momento de recogimiento y tradición. A las 12:00, muchos falleros y falleras acudieron a la misa en la iglesia de Sant Joan de la Ribera. Allí estuvieron presentes nuestra Fallera Mayor Infantil, Manuela, acompañada por el Presidente Infantil, Ian, y, por supuesto, nuestra Fallera Mayor, Saray, junto a numerosos miembros de la comisión.
Fue un acto solemne, cargado de respeto y de significado. Un momento para detenerse, respirar y mirar atrás, recordando todo lo vivido durante estos días intensos.
Al finalizar la misa, la comisión volvió a tomar las calles en un pasacalle, manteniendo viva la esencia festiva que nos ha acompañado durante toda la semana. Y como si la ciudad quisiera despedirse por todo lo alto, a las 14:00 asistimos a la última mascletà del ciclo fallero, nuevamente bajo la dirección de Sergio Lis.
Era diferente. No era solo otra mascletà. Era la última.
Cada explosión parecía tener un significado más profundo. Cada tramo, cada ritmo, cada estruendo… se sentía como una despedida. Y cuando llegó el final, ese terremoto que sacude el alma, el aplauso fue más largo, más intenso, más sentido. Como si nadie quisiera que ese momento terminara.
La tarde continuó con un ambiente más relajado. Muchos falleros se reunieron para comer juntos, ya fuera en la calle o en el casal. Daba igual el lugar: lo importante era compartir. Las conversaciones giraban en torno a los recuerdos recientes, las anécdotas, las risas… y también a ese pensamiento inevitable de que todo estaba llegando a su fin.
Pero si algo define nuestras Fallas es que hasta el último momento se viven con intensidad.
La tarde volvió a llenarse de vida gracias a los más pequeños. Claudia y Lydia, una vez más incansables, organizaron una serie de actividades que hicieron las delicias de los niños: una playback infantil, una divertida globotá y, por supuesto, el siempre esperado uso de petardos, que llenaron la calle de ruido y emoción.
La jornada infantil culminó con una cena en el casal, donde los más pequeños pudieron compartir juntos uno de sus últimos momentos de estas Fallas.
Y entonces llegó uno de los instantes más delicados y emotivos del día.
A las 20:00 en punto, comenzó la cremà de los ninots infantiles.
El fuego, que durante días simboliza fiesta, calor y tradición, se transformaba ahora en despedida. Para muchos, especialmente para los más pequeños, no es un momento fácil.
El Presidente Infantil, Ian, no pudo evitar emocionarse profundamente. Sus ojos reflejaban todo lo vivido, todo lo compartido. A su lado, Manuela, nuestra Fallera Mayor Infantil, también vivía el momento con intensidad. Ver cómo aquello que había sido tan especial durante días desaparecía entre llamas es algo que deja huella.
Pero así son las Fallas.
Todo nace para arder. Y todo arde para volver a empezar.
A las 21:00, la comisión adulta se reunió para la última cena conjunta. Un momento especial, casi íntimo, donde cada conversación tenía un matiz distinto. Ya no era solo fiesta, era despedida.
Y como si la noche quisiera guardar un último estallido de energía, a las 23:00 se celebró una mascletà nocturna, un espectáculo diferente, mágico bajo la oscuridad. Un broche sonoro que volvió a reunir a todos alrededor del fuego y la pólvora. (El vídeo, como siempre, podrá encontrarse en la galería.)
Después, comenzó una escena tan significativa como silenciosa: los falleros y falleras empezaron a recoger. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, la calle volvía a su estado habitual. Un gesto que simboliza que el ciclo se cierra.

Y entonces llegó el momento final.
A las 01:30 de la madrugada, comenzó la cremà de la Falla Grande.
El silencio previo, la expectación, las miradas… y entonces, nuestra Fallera Mayor, Saray, fue la encargada de encender el fuego. Un gesto lleno de simbolismo. Un último acto de responsabilidad, de orgullo, de despedida.
Las llamas comenzaron a subir.
Y con ellas, todos los recuerdos de este año.
Cada risa, cada esfuerzo, cada noche, cada abrazo… todo se elevaba en forma de fuego hacia el cielo.
Fue un momento de emoción profunda. De esos que no se pueden explicar, solo vivir.
Sí, había tristeza. Es inevitable.
Pero también había algo más.
Había orgullo.
Había agradecimiento.
Y sobre todo… había ilusión.
Porque en el mismo instante en que las llamas consumían la falla, ya comenzaba algo nuevo.
Las Fallas 2027.
Porque esto no termina aquí.
Nunca termina.
Después de las Fallas…
empiezan las Fallas.
Y así, con el corazón lleno y la mirada puesta en el futuro, se cierra este diario.
Pero solo por ahora.
Porque el próximo año…
volveremos a abrirlo.
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