Diario de un Fallero – 19 de marzo: San José, fuego purificador y un hasta pronto lleno de emoción
Hoy fue el día grande. El último. El más simbólico. Y como cada año, llegó con el corazón dividido: entre la alegría de todo lo vivido y la tristeza de saber que todo llega a su fin.
Desde temprano, los falleros y falleras comenzamos a concentrarnos junto al monumento. El ambiente era solemne, tranquilo, como si todos supiéramos que este día no se corre… se camina, se saborea, se honra.
Vestidos con nuestras mejores galas, nos dirigimos juntos a la misa en honor a San José, en la parroquia de San Juan de la Ribera, en la Avenida del Puerto. Fue un acto sencillo, pero lleno de sentido. Porque más allá del bullicio, de la pólvora y la música, la esencia de las Fallas es también devoción, raíces y comunidad.

Al salir, el barrio se llenó de música y color con nuestro pasacalle tradicional. Las calles vibraban con cada paso, y los vecinos salían a saludar, a aplaudir, a formar parte de esta despedida compartida.

A las 14:30 h, el cielo volvió a rugir con la última mascletà de nuestras fiestas. Fue intensa, rítmica, como un resumen de todo lo vivido. El sonido nos atravesaba el pecho, y el aplauso final fue más que fuerte: fue agradecido, emocionado, consciente de que estábamos en la recta final.

Pero aún quedaba mucha vida por delante. A las 16:30 h, los más pequeños se adueñaron del escenario con el playback infantil. ¡Qué artistas! Qué entrega, qué ternura, qué risas… Las familias aplaudían a rabiar, y los niños brillaban con la inocencia de quienes aún no conocen del todo la nostalgia del final.
A las 19:00 h, la comisión infantil fue invitada a una merienda/cena cargada de energía, sonrisas y abrazos. Porque a esas alturas, ya se empezaba a sentir que el momento más duro se acercaba: la cremà infantil.
Y sí… cuando el fuego tocó el primer ninot, los ojos de Rocío, nuestra Fallera Mayor Infantil, se llenaron de lágrimas, como los de muchos de nosotros. Porque esa falla no solo era cartón y pintura. Era su año. Su historia. Su gente. Su infancia hecha monumento. Y verla arder fue tan duro como hermoso.

A las 21:00 h, los mayores nos reunimos para la última cena. Las conversaciones bajaban de tono, los brindis eran más sentidos, las miradas más largas. Ya sabíamos lo que venía. Y aunque lo conocemos de sobra, nunca deja de doler.
Y con una ligera demora, a eso de las 00:30 h, llegó el momento que todos temíamos y que, sin embargo, esperábamos. La cremà del monumento mayor. Isabel, nuestra Fallera Mayor, estaba ahí, firme, serena, dejando que las lágrimas corrieran libres mientras el fuego hacía su trabajo.

Y en ese fuego, ardieron recuerdos, risas, pasos de pasacalle, notas de charanga, lágrimas por Chamy, premios, abrazos y madrugadas eternas. Todo lo vivido este año subió al cielo en forma de humo, como promesa de volver.
Porque esto no es un adiós. Es un “hasta la próxima.”
– Un fallero con ceniza en las pestañas y fuego en el corazón 🔥💔🎆
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